Alfonsina y el mar

Alfonsina baja la cabeza, pone sus manos sobre su rostro tratando de parar la luz hacia sus ojos y con ello todos los estímulos externos que recibe; se quiere aislar. Unas cuantas respiraciones profundas y hace callar todas las voces que la paralizan. Está sola con el viento y sus pensamientos. Ha logrado apaciguarlos pero bien sabe que es sólo por unos instantes, porque esos susurros van y vienen, repentinos como una bandada de pájaros. Las voces le coquetean, la cautivan, la aturden, la atemorizan. Está cansada de vivir con miedo, de tener tantas preguntas, tantas incertezas, de tan pocos aciertos, de sentirse tan sola, tan a la intemperie, desarmada, desprevenida, tan frágil, vulnerable, tan inexperta, tan ingenua, tan cobarde, tan novata.

Está harta, aburrida de sus mismos miedos. Alfonsina tiene que elegir entre rendirse de una vez o hacer callar a todas las voces para siempre. No sabe qué escoger, lleva una vida confundida. Se siente encerrada en un laberinto con inmensos muros y enredaderas donde de nada sirve vencer sombras, enfrentar miedos, esforzarse o seguir adelante, siempre vuelve al oscuro y tímido rincón desde donde empezó. Y a su vez tiene la extraña certeza de que si lograse salir de ahí vería que ese laberinto no era más que del tamaño de una caja de zapatos. Agobiada de saber que lleva años por el camino incorrecto, siente que su única opción es saltar, se acabaron los tintes medios.

Alfonsina levanta la cabeza, la sostiene con dos dedos en cada lado, justo en la cien, respira profundo y abre los ojos consiente de que esos parpados son las compuertas que abrirían camino a las voces dentro suyo, como si se alimentasen de la luz. Y lentamente vuelven esas palabras, esa bandada de pájaros que vuelan en diversas direcciones, tan enceguecidos a veces que se chocan entre ellos; y otras, tan sincronizados que obnubilan. Lentamente se deja poseer por esas frases en su cabeza, y ya no son simple barullo, son canto. Ya no la desestabilizan, la mecen, la acurrucan. Cuanta más atención les presta comienza a sentir la adrenalina del salto, siente que ya no es sólo su mente, todo el cuerpo le está pidiendo de saltar. Se mueve, se inquieta, está ansiosa, tiembla. Su corazón se perturba, se fastidia, está difícil de calmar. Siente que es hora de seguirle el impulso, él está listo a saltar. Ya no más quedarse en la orilla, en la superficie plana como una hoja. Hay que salir a buscar otros entramados, rincones, palabras y pausas. Hay que escuchar esas voces internas, esos genios malignos, esos sueños inconexos, esos impulsos y palpitaciones. Alfonsina no está lista, pero sabe que nunca lo estará. Tiene pánico de perderse entre tanto mar, o de sumergirse bien profundo y no poder salir, no querer salir.

Deja uno, dos, tres espacios. Se muere de ganas y miedos. Camina hasta el borde, no mira hacia abajo sino hacia el cielo, sus pies descalzos se aferran a la tierra y sus dedos intentan abrazar el margen. Los pájaros vuelan alto, elegantes en el cielo despejado. Alfonsina cierra los ojos y sonríe, sabe que no puede hacerlo, pero su corazón late tan fuerte, tan fuerte, se acelera y desborda. Para cuando abre sus ojos se da cuenta que su corazón ha saltado, la ha empujado con él, y ahora Alfonsina y el libro ya son uno.

Capítulo I.

Hallazgos en el fondo del mar I

Hallazgos en el fondo del mar I

                   Hallazgos en el fondo del mar II

 

 

2 thoughts on “Alfonsina y el mar

  1. carola

    Muy bueno, Yonis! Cada día escribís mejor. Me gustó mucho!

     
  2. Santi

    Excelente relato y video prima, besos!!

     

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