LAS COSAS SIMPLES ~ O cómo aprender a convivir con la vergüenza

Avioncitos de papel electrónico. Ojalá ciertas cosas sean tan simples de armar como los avioncitos de papel. Y así, ir tirando ideas por el mundo. Planes por aquí y por allá, compromisos, desafíos; todo esto en tres pliegues. Luego se pinta con cualquier fibra de color que hubiese a mano y ya, nada por lo que tener vergüenza.

De las mejores cosas que tiene ser chico es esa maravillosa capacidad inventiva: autos con sólo una tapa de balde de helado, castillos con las cajas del supermercado, trincheras debajo de los almohadones de los sillones del living, barcos con hojas de revistas, muñequitos con chizitos y escarbadientes. Ahora, de adultos, todo es mucho más complicado. Pasó a ser tan difícil que no inventamos más; compramos. Adquirimos para silenciar el niño interior que nos pide jugar a crear. Compramos para silenciar el desafío creativo. Por momentos, sí nos creemos capaces de asumirlo, y entonces, vamos a Ikea y gastamos en un par de muebles para decorar la casa. Los armamos y nos sentimos como Michelangelo al terminar la Capilla Sixtina, con la sutil diferencia claro está que, nosotros sólo conectamos dos maderitas y atornillamos. Sin embargo, inflamos el pecho como si hubiésemos hecho algo extraordinario.

Yo quiero volver a las cosas simples. A los avioncitos de papel, a usar el sillón como trampolín y acampar en el patio de la casa ¿Dónde quedaron las ganas de soñar despierta, de tomarse la vida más liviana, como un juego? ¿Dónde quedaron los desafíos? ¿Por qué de adultos todo nos da miedo o vergüenza?

Simple vergüenza

Estoy a 11.753 kilómetros de distancia del emisor de un email y, sin embargo, me muero de vergüenza; tanta como si estuviese enfrente mío.

vergüenza

Yo, muerta de vergüenza

Me siento dentro de una pesadilla adolescente, como cuando el chico que te gusta viene caminando hacia vos y, en vez de saludarlo con un “hola” casual y descontracturado, tartamudeas un inapropiado “mucho gusto”. Yo pensaba que, luego de la hormonal juventud, la vergüenza desaparecería. He aquí otro de mis grandes errores. La vergüenza no se va nunca, lo que se van son las oportunidades que se pierden por culpa de ella.

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La vergüenza según Milan Kundera

Más que un sentimiento, yo diría que es un parásito. Porque es necesario sacarla a tiempo de nuestro cuerpo antes de que, si me permiten seguir con la analogía, nos caguemos encima. Si no, después viene la vergüenza de la vergüenza, vergüenza de haberse cagado y haber dejado pasar una chance.

Lo bueno de tener vergüenza es que dura poco, tiene mala memoria. Yo no me acuerdo antes de hoy cuándo fue la última vez que sentí vergüenza. Por suerte, se resetea enseguida el vergonzometro y uno no registra las veces anteriores. Siempre se siente que la vergüenza actual es la vergüenza de todas las vergüenzas.

No sé si será que el rubor de mejillas se subió a la cabeza pero, me puse a pensar qué cosas me perdí por culpa de la vergüenza, qué cosas hago a pesar de la vergüenza, qué cosas me paralizan de vergüenza. Me perdí ser modelo de un pintor; hablo inglés a pesar de que muchas veces doy vergüenza ajena; compartir ciertos escritos paraliza de vergüenza pero siempre hay una mano sinvergüenza que, por suerte, aprieta enviar.

Vergüenza tenemos todos, excepto los políticos y eso está clarísimo por estos días de FMI y fantasmas del pasado. Una persona sin vergüenza es como un holograma, por eso a los políticos los vemos sólo por televisión. No tienen profundidad, son chatos, vacios; un artilugio óptico con cara para decir cualquier sarta de barbaridades. Del otro lado de la televisión estamos los corpóreos, los que, por el peso de la vergüenza, tenemos un par de kilos de más en la balanza. Obsesivos de la palabra, de lo que denota y connota, de cómo interpelar, de cuándo y a quién, de que a otras palabras los acompaña.

Yo quisiera tener absoluto control de lo que escribo pero, a penas puedo controlarme a mí misma y a mi  vergüenza. Además si así fuese, sería tan aburrido para mí como para ustedes. El absurdo es necesario, el ridículo es inevitable, y la improvisación es lo que nos da esperanzas para seguir escribiendo y no bajar los brazos.

Ilusiones

Tengo un email: avioncito de papel electrónico que pesa tanto como todas mis ilusiones. Pero es sólo eso, tengo un email, tengo ilusiones; y no debería darme vergüenza ni lo uno ni lo otro.

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Escondida detrás de la pantalla y con mucha vergüenza

Ahora bien, cuéntenme ustedes cuándo fue la última vez que sintieron vergüenza y por qué.

 

2 thoughts on “LAS COSAS SIMPLES ~ O cómo aprender a convivir con la vergüenza

  1. Carito

    Yo creo que hay vergüenzas y vergüenzas. Están las vergüenzas zonzas, las que no valen la pena, las que son solo vergüenza para uno y los demás ni se enteran y las peores de todas: las vergüenzas oportunas. Esas que te atacan a los cachetes y ante la que el resto no puede más que sentir vergüenza ajena. En mi caso, la ultima fue por hablar más rápido que pensar. Y con eso quedar en la historia de la boludez, en un lugar privilegiado. Donde aún están resonando frases de mi vergonzosa autoria desde hace muchos años….

    “… Y la cabeza????”

     
    • La tintorera La tintorera

      Jajajaja! Me hiciste el día con esa frase! Esa iría a la Vitrina de la Vergüenza. Son pequeñas perlitas que se exhiben, pasan a ser de dominio público y no hacen más (ni menos) que ponerle color y decorarnos la vida.

       

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