EL COMUNISTA

Hace ya unas semanas que Pedro volvió del colegio con una idea en su cabeza.

– Mamá, quiero ser comunista.

Pedro tiene 11 años, es el menor de cuatro hijos de una familia clase media alta del barrio de Belgrano. Hace poco que el abuelo se mudó a vivir con ellos porque ya estaba medio gaga para seguir viviendo solo. Sus hermanos mayores ya no viven con él, Marcos está estudiando un master en Estados Unidos sobre Economía aplicada en no sé sabe qué. Pilar, la única hermana, está en Francia haciendo un curso de pastelería o, como a ella le gusta decir cada vez que hacen Skype, Pátisserie. Y Santiago, el único hermano que vive con ellos, tiene 18 años, recién terminó el secundario y entrena día y noche para convertirse en un tenista profesional. Su mamá es contadora, pero con este tema del abuelo está más trabajando desde la casa que en su oficina. Y Raúl, su papá es un comerciante nato. Tiene varios “kioskos” como le gusta decir a él en reuniones entre amigos para parecer humilde. Desde pequeño Pedro entendía al negocio de su papá como una especie de correo privado. Paquetes por acá, paquetes por allá. Bultos que iban y venían, juguetes raros que venían de China a los que sólo podía sacar de la caja, mirar por un rato y volver a poner en su lugar.

– Mami, ¿me escuchas?

– Sí, lávate las manos y ayúdame a poner la mesa.

– ¿Pero qué hago?

– Empezá por el mantel y los platos.

– ¡No! ¿cómo hago para ser comunista?

– Ya no se puede.

– ¿Cómo que no se puede? ¿Ya hay muchos?

– No, quedan muy pocos.

– ¿Y entonces? ¿Me dejas?

Su madre respiró profundo, ya no sabía cómo responder a las inquietudes de su hijo. De chico siempre tuvo ideas medio raras, no hacía las mismas travesuras que habían hecho sus hermanos como jugar al ring-raje, llamar a números desconocidos y hacer bromas, esconderle los cigarrillos a su padre o sus anteojos. Pedro tenía estas obsesiones que le duraban semanas. Como cuando se enojó con su padre y no le habló por un mes porque quería ser un cowboy y él no le compraba un caballo para que pudiese empezar a practicar. O cuando quiso saber lo que era estar ciego y estuvo todo un fin de semana con los ojos vendados, llevándose todos los muebles de la casa por delante.

El único que realmente le tenía paciencia a Pedro era su abuelo, él creía que por estar en un ambiente dónde no tiene pares de su edad para jugar, hacía que se compare todo el tiempo con los adultos a su alrededor, veía que cada uno tiene un rumbo trazado para su vida y por eso busca desesperadamente el suyo.

– ¿Con que comunista nomás?

– Sí. Y voy a ser el mejor porque mamá me dijo que no hay muchos.

– Y ¿Qué vas a hacer?

– En internet decía que tengo que dejarme la barba, bañarme muy poco y usar siempre la misma ropa.

– Pero tus amigos en el cole no se van a querer acercar a vos.

– Me juntaré con niños comunistas como yo para hablar de la causa.

– ¿La causa? ¿Qué es eso?

– ¡La causa comunista abuelo!

– Pero ¿vos sabes que a los comunistas no les gustan los bienes del capitalismo?

– ¿Qué es eso?

– Que nos les gusta la televisión, la PlayStation, comer en McDonald´s o ir a Village Cinemas.

– ¿Y entonces qué hacen en su tiempo libre los comunistas?

– Leen una y otra vez un libro gordo llamado El Capital.

– ¿Son como los cuentos de Harry Potter? Porque a mí me encanta leerlos.

– No, es sobre economía.

– Ah, aburrido. Pero al menos se la pasan muy bien de vacaciones.

– ¿Sí? ¿Por qué?

– Porque en Cuba las playas están llenas de comunistas.

– Es que Cuba es un país comunista.

– ¿Allá viven los que se dedican al comunismo no?

– Algo así.

– Pero vi en la tele que los comunistas tienen una casa en Estados Unidos ahora, se están mudando allá.

– No lo creo Pedrito, Estados Unidos es un país consumista.

– Sí, eso… Comunista.

– No, consumista es que consumen muchas cosas.

– Ah… Ellos comen mucha chatarra, como dice la Dra. Solís que no hay que hacer.

– Puede ser…

– Y ¿los comunistas qué comen abuelo?

– Supongo que frutas, verduras, arroz…

– Como dice la doctora que hay que comer sano. Es sano ser comunista

– Sí, es bueno alimentarse así ¿Pero vos por qué querés ser comunista Pedro?

– Porque papá el otro día dijo que los comunistas son unos soñadores bárbaros.

Los comunistas son unos soñadores bárbaros

Los comunistas son unos soñadores bárbaros

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>