Lila y el espejo

La noche que Lila se fue de casa, se llevó 2 maletas de 25 kilos. Ella insistía que era lo básico que necesitaba para vivir.
Al poco tiempo se dio cuenta que más de la mitad de la ropa que había llevado no le servía. Demasiados vestidos de verano, demasiados colores y flores; no coincidían con el clima ni la sobriedad de la ciudad donde se encontraba. Así que se fue de compras, y al probarse la primera camisa descubrió un hueco al lado de su hombro izquierdo. No le dio importancia, total la camisa era manga larga.
Tiempo más tarde, de vacaciones en la playa, se vio un hueco cerca del ombligo, pequeño pero evidente, y al no querer pasar por freaky con dos ombligos, lo tapó con un caracol marrón, de pintitas rosas como la bikini.

Lila frente al mar

Lila frente al mar

Fue una noche de invierno, cuando antes de irse a dormir, se dio cuenta de que en el centro de su pecho tenía un agujero. Ésta vez le prestó más atención, no era simplemente un espacio vacio. Tenía cierta forma, cierta lógica; era como una pieza de algo.
Lila no podía dormir esa noche, no podía entender ni cómo ni dónde había perdido esos pedazos. Fue y se paró frente al espejo. Estuvo unos minutos inmóvil hasta que tomó coraje y se examinó el cuerpo. Se encontró con que le faltaba otra pieza en la oreja derecha, cerca del lóbulo. Y que en la cabeza, donde ella pensaba que estaba perdiendo pelo por el roce con la almohada, ahí faltaba algo también.
Lloró el resto de la noche sin consuelo.
La mañana siguiente, se sacó las lagañas pero nada pudo hacer con esos ojos de sapo de tanto llorar, se sentó en el sillón, del lado donde le daba el sol y, mate en mano, pensó por horas. Habrán sido dos o tres litros de mate hasta que no pudo aguantar más las ganas de hacer pis. Cuando fue al baño descubrió que el hueco del estómago ya no estaba. Ahí fue que Lila entendió qué eran realmente esos agujeros en su cuerpo y cómo se curaban.
Pero, sobretodo, tuvo respuesta a algo que estaba buscando desde aquel día que se fue de casa con dos valijas. Buscaba una manera de definir lo que significa vivir fuera de la patria: sos un rompecabezas de 1000 piezas pero siempre te falta una que otra para terminarlo.
Esa falta de abrazos, de charlas de 2 o 3 termos de mate de duración, el almuerzo en familia del domingo, o las juntadas imprevistas de “Quedate, pedimos unas empanadas”. Todo eso genera vacíos.

Empanaditas calientes

Empanaditas calientes

Lila supo que se había descuidado mucho, que se había alejado demasiado de su querida patria, no en distancia sino en costumbres. Que por pretenderse fuerte ignoró señales internas que le decían “extraño..”, “me hace falta…”, “necesito…”. Porque una cosa es explicar cosas típicas de tu país a tus compañeros de trabajo y otra cosa es darte el espacio para hacerlas. Contar lo que es el mate, como es que se toma en ronda, y cuantas veces el cebador se pierde y vuelve a empezar por él mismo, no es lo mismo que ser parte de una ronda. Explicarles qué es jugar al truco no es lo mismo que jugarlo en la sobremesa del asado.

Quiero retruco

Quiero retruco

Sin embargo, cuánto cuesta admitir que hay cosas irreemplazables. Que por mas que nos pongan espejos de colores y nos distraigamos cual niños, hay cosas especiales que no podemos ni debemos sustituir. Son adn cultural.
Lila entendió que la mejor manera de llenar esos huecos era volver a casa. Decidió tomarse vacaciones. Esta vez, media valija de 10 kilos le alcanzó para empacar. Si algo había aprendido en todo este tiempo era a viajar ligero. Porque lo único que importa es lo que se lleva puesto, nuestro rompecabezas interno.

Cuando extrañas tanto que ves a Sudamérica hasta en las sobras

Cuando extrañas tanto que ves a Sudamérica hasta en las sobras

 

 

N. de la R: Muchas veces se ignoran estas faltas que tenemos, y como Lila, tratamos de poner algo encima para reemplazarlo, cubrirlo, disimularlo. Otros buscan definiciones y aval científico como “el duelo migratorio”, pero no se puede llamar duelo cuando fue una elección; cuando no hay cadáver ni entierro. Algunos optan por terapia, yo prefiero mirar fotos viejas, películas argentinas, o escribir. Gracias por leerme y acortar distancias. De corazón, como diría Formento, FELIZ DOMINGO PARA TODOS.

 

3 thoughts on “Lila y el espejo

  1. Mari Lm

    Yo también tengo mis huequitos amiga.. pero una forma que me ayuda a “rellenarlos” es leer cada uno de tus relatos tintolelo. Un abrazote gigante a la mega distancia, te quiero mucho!

     
  2. Anónimo

    Me encantó !!!!! Genia total acá también hay gente con huecos……

     
  3. Julieta

    Hermosa reflexion!
    Felicitaciones

     

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