GEMELAS

Hace ya unos años me había pasado algo similar. En aquel entonces ocurrió en el metro parisino gracias al señor en monopatín que me cruzaba todos los días a las 18 horas. Hoy experimenté otra vez esa extraña sensación. Y no sé bien por qué me da como una “cosita”, una loca conmoción de orgullo, una extraña interpretación de mí misma como fantasma materializado, o masa incorpórea. Una delirante impresión de estar, de pertenecer y a la vez, la inocencia de ser sólo un paréntesis. Ahora recuerdo las sabias palabras con las que una amiga argentina respondió acerca de qué era lo que más le gustaba acerca de vivir en Paris: “que no soy de acá”. Cortito y al pie, pero sin sentido por aquel entonces para mí. Ella tenía razón, hay una inerte seducción en no ser de los lugares donde se vive. Me cuesta explicarlo en palabras, es más difícil de lo que pensé, quizás sea como una reivindicación coyuntural de uno mismo. Algo que quizás algunos sólo logran con muchos años de terapia. Quizás sea un síndrome compulsivo de extrapolación, o un egocentrismo disfrazado de altruismo. Quizás sea pura diversidad, o un extraordinario marketing de la ausencia. Quizas sea el cambio, quizás la rutina. Cambio y rutina, me dan gracia estas palabras junto con las palabras: cordura y estabilidad. Quizás sea mucho más fácil.

Los últimos días me la pasé preguntándome qué cambio, qué sigue igual, qué nunca va a cambiar, qué es rutina, qué es estable, qué es adaptarse, qué es vivir afuera, qué es afuera y qué es adentro. Es que una mañana iba caminando a mi trabajo, porque otra vez tengo un trabajo de oficina, con sus horarios normales, con compañeros, con jefe, con escritorio propio. Y como una revelación me doy cuenta que nada cambio, que no es igual que decir que “es más de lo mismo”. Donde antes pudo haber algo conocido como rutina yo encuentro continuidad. Lo que hace cuatro años atrás era rutina en una oficina en Buenos Aires, se convirtió en secar copas frente al mediterráneo en Niza, de atender mesas (mesitas) en Paris, de repartir hamburguesas de felicidad en Las Lomitas, y de atender teléfonos y hacer reservas en varios idiomas en un puerto en Inglaterra. Continuidad, no es lo mismo que rutina, continuidad es movimiento, es el medio de algo, ni el principio ni el fin, es siempre el medio. Quizás eso sea lo que siento cuando me siento parte de la rutina de otros, lisa y llanamente me siento “en el medio” de algo. Y esta bueno, me da cosquilleo en la panza, me recuerda que no soy de acá pero estoy acá, y ellos no saben de mi estado transitorio. Continuidad, es una palabra con la que me estoy encariñando, no es rutina, no es repetición, no es diferente tampoco. Es seguir camino ¿A dónde? Por supuesto que no lo sé, no soy buena para leer mapas así que hace tiempo que decidí dar mis pasos por instinto.

Cambios: descubrí que es un sinsentido ponerme a hacer una lista de las cosas que han cambiado. Muchas pasan desapercibidas al ojo humano. Prefiero centrarme en lo que no ha cambiado, y aunque haya muchos que me refuten, yo me siento la misma, no la misma “de siempre” pero la misma en fin. Decir que soy “la de siempre”, eso sí que es absurdo, porque sería negar todo lo que caminé en casi ya cuatro años, como mi calzado, me fue gastando y erosionando por cada lugar que pisé. Dejé un pedacito de mí en cada lugar, en cada experiencia, en cada (o quizás sólo algunas) personas. Y me llevé un pedacito de paisaje, de cada situación, de la gente que crucé a mi paso. Pequeños fragmentos que he tratado, con mayor o menor acierto, de compartir con ustedes a través de estos escritos. Porque quizás ésta sea la continuidad más importante de toda mi vida, por la que tendría que seguir camino, la que es inmutable, estar escribiéndoles a ustedes. Porque en este juego de acá y allá, la escritura siempre está en el medio, es el medio. Mi fiel compañera, a ella le debo continuidad y no rutina, sensatez y no cordura, movimiento y no estabilidad.

Qué me devolvió la ganas de escribir después de tanto silencio: calles adoquinadas, y casas del sigo XVI, pero sobre todo, las dos señoras mayores, hermanas gemelas, que me cruzo con su chango de hacer los mandados todas las mañanas de camino al trabajo. Yo estoy de paso, como paréntesis en sus vidas y me pregunto siempre si ellas también están de camino y de dónde vienen.

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Las callecitas de Poole tienen ese qué sé yo…

 

3 thoughts on “GEMELAS

  1. Anónimo

    No cambies nunca prima 😉

     
  2. Mari Lm

    Pensaba que iba a ser la única en comentar por acá, pero N me gano y de mano. Brindo por la continuidad amiga! Por el movimiento y por las gemelas! Saúde!

     
  3. N

    Continuidad es movimiento…
    Cada lectura que hago de tus textos me sorprendo un poco más.
    Gracias por volver!!

     

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