LA COPA

Respiro hondo, bebo un sorbo de vino y pienso. No quiero entrar en profundas reflexiones, no quiero resumir todo en una frase o pensamiento, foto o anécdota. Menos aún enumerar ciudades, destinos, personas o personajes; el Top Five… No me pidan eso, no ahora.

¿Dónde estoy? No lo sé, hace rato dejé de saberlo. O mejor dicho, si lo sé pero no lo puedo explicar. Es que por momentos pienso que nunca salí de Banfield, que nunca dejé el barrio, la casa, los amigos. Pero de repente estoy echada en una playa en Cannes, delirando con todo lo que haré, los lugares que quiero visitar, las cosas que quiero hacer. Y de pronto, estoy comiendo un revuelto de verduras que nunca antes ví en mi vida y que me es imposible pronunciar el nombre del plato. Estoy en la caótica Hanoi – Vietnam – sentada en una pequeña sillita, tamaño salita de jardín de 3 años, con una mesita de la misma estatura que me hace bajar la cabeza con una rapidez que voy adquiriendo con cada bocado que intento llevarme del plato a la boca con los palillos orientales, hasta que descubro que si combino palillos-boca / boca-palillos va más rápido la cuestión y es menor la cantidad de comida que se pierde en el intento de tomar altura mientras la gente me mira con cara de resignación y se sumerge nuevamente en sus charlas. Ellos nada de energía necesitan aplicar a comer, mientras que para mí es un ejercicio más complejo que hacer un sudoku en el medio de una disco, la noche de la fiesta de la espuma.

Me despierto con una picazón fuerte en las piernas, estoy en Camboya y he compartido la cama con pulgas. Que honor. Para recompensarme por la mala noche me agasajo con un buen desayuno, hace frio y no hay nada mejor que un Chai, un tecito con un panqueque de banana en Agra – o más conocida como la ciudad del Taj Mahal en India – lástima que al parecer en vez de panqueque de banana me dieron un panqueque con una banana cortada al medio. Agradezco que el corte haya sido vertical y se tomaran la molestia al menos de quitarle la cáscara que de seguro se la dieron a algunos de los tantos monos que deambulan por los cinco costados (los cuadro lados y los techos).

Vuelvo a llenar la copa de vino. No hay más papas fritas en el bowls y me acuerdo de la madrugada en que fui inmensamente feliz, pero inmensamente, cuando conseguí a las 3 a.m. una super hamburguesa con queso y papas fritas en Ko phi phi, una isla paradisíaca de Tailandia. Ya saben: “aunque la mona se vista de seda, mona queda”. Y en ese momento no hubo ni fiesta en la playa, ni promesas de amaneceres mágicos que esta gorda profesional hubiese cambiado por su hamburguesa.

No recuerdo dónde empecé a escribir esto; quizás en Paris, donde una vez hubo un gran ventanal que daba a una gran y ruidosa avenida que ahora pasó a ser silencio absoluto para mí. El mismo silencio interior que sentí en Rusia, cuando me di cuenta de que a pesar de estar en el metro de Moscú rodeada de gente, estaba sola-solita-sola en esa inmensa ciudad. Contaba estaciones porque era imposible chequear los nombres escritos en ruso en el mapa. Ni tendría que hacer falta que les diga que la única morocha ahí era yo. Y que ni mi mal aprendido francés, mi querido español o mi caradurismo para el italiano, ni siquiera tantos años adolescentes dedicados al inglés me sirvieron de algo para comunicarme con la gente rubia. Sola-solita-sola. Morocha-negrita-extranjerita.

Pero donde sea que lo empecé, estoy segura que no tenía pensado continuarlo una mañana cualquiera desde mi cama en Southampton, Inglaterra. Donde ayer recordaba una caminata por la ciudad amurallada de Cartagena de Indias y anhelaba un poco de ese sol caribeño mientras pensaba en invertir en unas botas de goma para la lluvia.

Y empiezo a pensar o sentir, discúlpenme pero ya no sé muy bien distinguir uno del otro, que quizás debería mantener esto como un borrador, puede que este archivo sea como “El retrato de Dorian Gray”, puede que este borrador me haga a mí seguir viajando si lo conservo, como a Dorian conservar su retrato lo hacía ser eternamente joven ¿Cuándo comencé a escribirlo? ¿Cuándo debería terminarlo? ¿Cuándo empecé a tomar tanto vino?

Copa de vino y  atardecer en Turquia

Copa de vino y atardecer en Turquia

 

2 thoughts on “LA COPA

  1. N

    Genia!!!
    La extranjería total a veces es hermosa.

     
  2. Lily

    Muy lindo y si, salí de la cama y compra las botas de lluvia, es mi consejo.

     

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