REFLEXIONES DEL VERANO INGLES ~ O cómo hallar la felicidad

Son las 19.24 horas de una tarde de calor en este verano inglés. El sol aún se asoma en el vértice inferior de la ventana del living. En la mesa tengo el mate medio lavado (sin querer volqué el azúcar), la computadora encendida, un borrador con anotaciones para escribirles, la cámara de fotos y, me acabo de dar cuenta que: la anatomía humana tiene un error (esto no está escrito en el borrador).

 

Mi backstage

 

Errores de la anatomía humana

De chica hubo una época en la que quería ser bióloga marina. Me resulta casi revelador ahora que me vienen esos recuerdos a mi mente que no lo veía como una fantasía. Era absolutamente tangible, una opción muy seria a considerar. Tan sólo habría que relocarse en San Clemente del Tuyú o Mar del Plata, ciudades costeras de Argentina. Ahora, con mis 33 años aún fantaseo con ser escritora (?).

Creo que la idea de dedicarme a las ballenas y delfines se disolvió cuando no quise negociar mudarme (irónico que les escriba esto desde mi casa, en una ciudad costera de Inglaterra). No sentí ese fuerte llamado por el mar. A mis 12 años ya sabía que eso no era para mí. Ciencias Naturales y Biología nunca despertaron un interés especial en mí, por lo que mis conocimientos en esos temas son bien escasos. Pero, retomando el tema de la anatomía humana, estoy convencida que hay un error. En el apuro de hacer al hombre, sacarle una costilla y crear a Eva se olvidaron ciertos puntos importantes.

 

Adan y Eva en Mar del Tuyú

El cuerpo humano es una obra de arte, de los mejores y más complejos aparatos que jamas veremos. Es un exquisito engranaje de circuitos que funciona maravillosamente, y aún misteriosamente, increíble. Nos da señales, muchas más de lo que somos capaces de percibir. Hemos aprendido a decodificar algunos de los mensajes como las mariposas en el estómago, el corazón galopando bien fuerte, el nudo en la garganta o el escalofrío recorriendo la espalda. Sin embargo, hay un indicador que permanece casi ignorado por muchos: su temperatura.

El calor humano es el indicio más natural y efectivo que he visto y qué poco conscientes que estamos de esto en un profundo sentido. Sólo aprendimos a preocuparnos si tenemos más de 37 grados; fiebre y vía libre para faltar a la escuela es lo que nos enseñaron. Pero la temperatura del cuerpo nos dice mucho más, todo el tiempo. Es una guia silenciosa de cómo nos sentimos, física y emocionalmente.

Aunque no lo notemos nuestro calor corporal expresa en buena medida el balance que llevamos en nuestra vida. Tenemos temperaturas diferentes en distintas zonas del cuerpo, en distintos momentos del día. Y no me refiero sólo al sofocón abrumador que sentimos en verano, hablo de los cachetes que se sonrojan, de la piel de pollo cuando oímos o vemos algo que nos disturba, de darse la mano y sentir el calor del otro, de apreciar la frescura de los pies al andar descalzos. El cuerpo tiene el lenguaje de temperatura.

 

Ellos si entienden de calor de los cuerpos

Ahora bien, volviendo a lo que les decía al comienzo, lamentablemente estaría faltando algo en el ser humano. Estamos muy bien equipados para valernos por nosotros mismos, de pies a cabeza. Tenemos motricidad, 5 sentidos, un corazón que bombea sin cesar y una cerebro que nos ayuda a procesar lo que el cuerpo vive. Sin embargo, yo me senté frente a este teclado y descubrí que hay algo que nos falta: una brújula.

Nos crearon seres libres, inteligentes, capaces de sentir y pensar y nos dieron una misión: ser feliz. Y aquí estamos, unos más preocupados que otros, unos más apurados que otros, unos más adelantados que otros, pero todos en busca de la felicidad. Claro esta que no vamos para el mismo lado, cada uno sigue su camino, y aquí es donde se plantea el problema: cómo sé si estoy yendo para el lado correcto. Por qué mi cuerpo es capaz de decirme si tengo frio, miedo, cansancio, hambre, amor, alegría; pero cómo me doy cuenta si voy por el buen camino.

Vuelta a los origines

Son las 21:48 horas, ya no hay sol por la ventana. Estuve todo este tiempo pensando que la respuesta estaba en algún lugar entre el corazón y la cabeza. Algún órgano al que no le habíamos prestado atención, o alguna codificación especial entre nuestras neuronas y las válvulas del corazón a la que no estamos prestando suficiente atención. No encontré nada. Volví entonces a mi linea de partida: Adán y Eva. Ahí está, simple y tangible, la brújula no esta en nosotros sino en quien tenemos al lado. Eva, familia, amigos, parejas, colegas, ellos son la brújula, nos que nos pueden ayudar a ir por el camino correcto, a ponernos en nuestros rieles cuando perdemos rumbo, o cuando estamos atascados.

Creí que el cuerpo humano era incompleto, pero resultó ser complementario. Eso es lo más maravilloso, entender que no somos iguales por algún buen motivo, entender que no seremos iguales por más que nos esforcemos. Que no hay dos días iguales por más que pareciese, como no tenemos la misma temperatura a la mañana cuando salimos de la ducha o a la noche en la cama con sabanas limpias. Ni el sol sale cada día a la misma hora, o la luna está siempre en el mismo lugar. Somos hormigas en busca de la felicidad, cada una con su propio peso a cuesta pero sólo llegaremos si trabajamos en equipo.

 

 

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