REGLA DE VIDA

Siempre tuve una regla de vida clave respecto a las vacaciones / viajes, y era simple: no volverás a pasar dos veces por el mismo sitio. El motivo era bien sencillo, no contaminarás esa hermosa burbuja de recuerdos, imágenes, ideas, aromas y todas las proyecciones que guardamos de cada lugar que visitamos. Por supuesto que no aplica a todos los lugares. Sino no hubiese podido ir a la estación de Banfield a tomarme el tren cada mañana para ir a trabajar, o haberme pasado tantas tardes yendo a Parque Centenario a la facultad. Mi regla aplica a esos lugares que me cautivaron, me dejaron boquiabierta, que hicieron que mi corazón bailara distinto, que mis pupilas se obnubilasen y mis pulmones hayan querido absorber el paisaje por completo en un suspiro.

Esta regla de vida, por tonta que le parezca, ha gobernado mis viajes, e incluso he estado muy orgullosa de predicarla. De manera superficial, lo simplificaba a: “Viste que las segundas partes de las películas no son tan buenas. Bueno, cuando vuelves a esos lugares pasa lo mismo, no esta tan bueno como la primera vez”. Esta argumentación me resulto bastante persuasiva por mucho tiempo y, por supuesto, más fácil que todo el melodrama de los desencuentros de mi corazón y mis sentidos al estar por segunda vez en el mismo lugar. Porque no vayan a creer que esta regla la inventé así porque sí. Ha sido producto de una segunda vez.

Permítanme que les cuente un poco de Mi primera vez en Bolivia o cómo se puede ser tan necia. Allí encontrarán el inicio y explicación para mi primer mandamiento viajero. Desde el 2010 había predicado la tonta regla de “no volverás a pasar dos veces por el mismo sitio” por doquier. Algunos por suerte me habían retrucado considerándola demasiado arbitraria. Ahora bien entiendo que era más bien inmadura. Pero fue sólo en mi segundo viaje a Barcelona en el 2017 que me dí cuenta de esta tonta regla de vida y otras pequeñas verdades. Déjenme que les cuente de mi relación con esta ciudad.

Barcelona y cómo romper con una regla de vida

En mayo del 2013 estuve en Barcelona por primera vez. Mochila al hombro y ganas de comerme al mundo, literalmente. Y tenía un plan de cómo hacerlo y todo. Más joven e ingenua pero, sin duda, más decidida por aquel entonces, arrancaba una aventura que, quieran o no tendré que decir, cambió mi vida.

Si hubo una puerta de entrada al resto de mi vida, fue Barcelona. Encontrarte sola en una gran ciudad es poderoso. Convertir a esa ciudad en pequeña caminándola desde Barceloneta hasta Villa Gracia te hace invencible. Sentir que podes abarcar la ciudad en las suelas de tus zapatillas te da valentía. Sentarte en cualquier bar y ponerte a escribir te da alas, te sentís inmortal, de ninguna época.

Estas fueron algunas de las sensaciones que tuve en Barcelona la primera vez que la conocí. Pasé sólo una semana pero fue como haber vivido siempre ahí. Me vuelve a la mente algo que leí en Viajando por Ahí antes de irme de viaje a Francia (de lectura obligada si aún no lo conocen), que Barcelona puede convertirse en Carcelona: la ciudad te atrapa y nunca vas a poder dejarla. Yo (por suerte) pude salir porque tenía un plan tan simple y motivador como recorrer el mundo. Pero definitivamente esta ciudad de Cataluña tiene una mística que embruja como el canto de sirenas. Muchos han quedado seducidos cual marineros en alta mar por esta cuidad viviente.

El 1° de enero de este año me encontró visitando Barcelona con mi familia pero, más precisamente con 12 uvas atoradas en mi boca con la intención de cumplir con la tradición española de año nuevo donde se comen uvas, una con cada campana que divide el año viejo con el próspero y se piden deseos. De mis peticiones aún no se cumplió ninguna, salvo el afán intrínseco de poder tragar las doce uvas y no morir ahogada en el intento. Debo confesar que con cada campanada las uvas se iban acumulando en mi boca, no me daba el tiempo a masticarlas que ya tenía que seguir ingiriendo la próxima por lo que terminé con la boca tan llena que mi “Feliz año Nuevo” lo dije 10 minutos más tarde de lo que correspondía.

Ninguno de los anhelos pedidos se ha cumplido todavía, sin embargo mi segunda vez en Barcelona me ha sorprendido con un hermoso regalo. Aprendí cómo se pasa dos veces por el mismo lugar sin desilusionarse. Entendí que ya no era más la joven ingenua con un estúpido mandamiento. Comprendí lo inmadura que había sido mi regla de vida. Lo feliz que estaba de volver a ver ese mismo cielo azul, ese mismo caleidoscopio de colores gaudianos de Parque Güell.

Caleidoscopio gaudiano

Caleidoscopio gaudiano

Debo de reconocer que me llevó unos días entenderlo, entenderme. Al principio buscaba como loca la Barcelona que yo había conocido y que tanto me había sorprendido. Trataba de encontrar murales conocidos, el bar en el que me había sentando a escribir por aquel 2013. Buscaba sin consuelo. Hasta que lo comprendí. Barcelona es la ciudad del movimiento, donde todo está vivo, todo es transitorio y definitivo a la vez. Y esto es lo que la hace tan especial, es su esencia; su arte, su inspiración, su gente bella, su continuidad es definitiva. Continuidad es lo que experimente esta vez en la ciudad catalana.

Mural que ví la primera vez y busqué como loca

Mural que ví la primera vez y busqué como loca

Y seguí buscando…

Barcelona es bricolage

Calles que enamoran

Personajes que encontré en la segunda vez

Andabamos sin buscarnos…

Las bicis son los testigos silenciosos de las ciudades

Yo veo manos que luchan y libertad…

 

…Pero quizas ahora sean sólo sombras y encierros. Todo depende de dónde miremos

Mate con las sombras

El mundo de Gaudi

Dos en la ciudad

Parque del laberinto del Horta: un lugar que descubrí en mi segunda vez en Barcelona y me encantó 🙂

Detallecitos

Historias

Atemporalidad

NUEVA REGLA DE VIDA

Comprendí que si se puede volver a un mismo lugar (como volvemos a la misma casa, a los mismos amigos, a los mismos brazos). Sólo hay que saber entender la perspectiva que te da el tiempo, hay que saber pararse y mirar desde otro ángulo. En ser consciente desde qué lado se vino y hacia qué lado vamos. Es aprehender. Es progreso; no del material sino en lo intangible, en ideas y experiencias. Es compartir con otros ojos. Es ser mas honesto con uno mismo, menos inconsistencia, más sustancialidad.

Volver a un lugar y no llenarse de desilusión es entender que todos los días llevamos la misma piel pero las cosas nos tocan cada día de manera diferente. Visitar Barcelona fue como volver a casa, fue volver a los abrazos con sentido, a las comidas con sabor familiar, a reencontrarme con los clásicos y descubrir algo nuevo y especial en ellos. Regresar a Barcelona fue hallarme a mi misma, en mis mismos zapatos pero con cierta madurez para entender que los lugares nos interpelan una y mil veces pero, siempre de una manera única. Y es cuando abrazamos ésta idea que podemos sacar el máximo provecho de cada encuentro.

Ir por segunda vez a un lugar es como reunirse con un viejo amigo. Te das cuenta que ambos han crecido, cada uno ha tomado diferente rumbos pero, al fin de cuentas, el ritual del mate está intacto y el tiempo transcurrido desde la última vez que se vieron pasa a ser tan insignificante que se va con la primera cebada de mate. Volver es saber que uno nunca se va del todo de ningún lugar. Barcelona, Buenos Aires, París, ahí estoy, ahí me encuentran.

Nueva regla de vida I

NUEVA REGLA DE VIDA

NUEVA REGLA DE VIDA

 

5 thoughts on “REGLA DE VIDA

  1. Anónimo

    Muy lindo Yohe. Me alegro que hayas cambiado tu regla, volver a ciertos lugares tiene su encanto y nunca es igual

     
  2. Giovanna

    Me encantó como siempre! Pero leerlo en un avión, volviendo de viaje tiene todo otro sabor 😉 a tomar mate pronto y hacer más viajes (juntas si logramos)!

     
    • La tintorera La tintorera

      Siii!!! A viajar se ha dichoooo!!!

       
  3. Mari LM

    A por las nuevas reglas de vida y por un 2017 lleno de relatos tintoreros!
    Fuiste tan gráfica con lo de las 12 uvas de año nuevo que te me viniste a la mente con los cachetes rellenos cual hamster. Me encantó la foto de Lucho, me faltó una de Lili y Juvenal. Tu por siempre fan numer 1, Menzi.

     
    • La tintorera La tintorera

      Gracias Menzi!! Sos lo mas!!!

       

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