VALENTÍN

Buenos Aires, 14 de febrero de 2015

Valentín:

Definitivamente San Valentín pasó a ser una fecha bisagra en mi vida. Y no porque haya decidido montar aquel negocio en el que vendía remeras con leyendas como “¿Sabes dónde está tu novio ahora?” “No soy virgen pero hago milagros” “No sé si serás o no mi media naranja pero saquémosle jugo a esto” y demás similares. Años atrás lo que para mí era una fecha para la burla, la indiferencia, el empacho por tantos melosos dando vuelta, un divisor de clases sociales entre los “felices de mierda” y “está solos por conchudos”. Amor y odio, todo junto se escuchaba en ese día. La gran representación social de Romeo y Julieta, los enamorados por un lado y la parva social que nunca-pero-nunca encontrará a su media naranja. Excluidos del sistema por pensar diferente, no ser conformistas, o quizás tan sólo por tener mal aliento o roncar muy fuerte de noche.

Para cortar con tanta dulzura, esto es lo que escribía un año atrás (previo haber saltado en mi cama King Size de la habitación GRATIS que tuve en el Hilton en Estambul):

Hace un año escribí el mail que adjunto con la absoluta incertidumbre de dónde estaría hoy y que me depararía el picarón de San Valentín. Así como hace un año aprecié lo que tenía al lado mío y mi presente en ese día tan acaramelado, hoy aprecio el futuro que tenemos por delante, ese no saber que nos hace hormiguear la panza,eseverdadero estar abierto a lo que vendrá.

En este San Valentín estoy volando a casa, con más de 20 países enla valija y un puñado de anécdotas sin sentido. Pero no crean que forman parte de una etapa que se cierra. En este San Valentín aprendo que no hay pasado, que sólo nos queda el futuro y hacia ese impredecible estoy yendo ahora.

¡¡¡Feliz futuros San Valentín!!!

 Yohe, Estambul, 14 de febrero 2014

¡Chan! Vaya que “fue” un futuro impredecible, loco-muy-loco todo lo que pasó después. Seguí viajando por Argentina, Colombia, Inglaterra; me quebré la clavícula, se soldó; entregué mi tesis, volví al país. Y aquel mail que menciono, lo escribí dos años atrás, y decía algo así como:

Por suerte o desgracia no hay archivo oficial de los mails pero sé muy bien y no puedo engañarme en que he impulsado más de una campaña en contra de este marketinero San Valentín. He blasfemado contra quienes lo celebran (… ) He hecho asistencia psicológica con un lista de películas para pasarse el día moqueando, recetado los postres más adecuados para los momentos más melancólicos (…) hasta llegar a meterme con el amor de la Santísima Trinidad (que no es más que una invitación a romper la monogamia) y el cuentito de Adán y Eva; ¡y estos últimos! Ni se amaban, fueron tentados, sometidos a las leyes sexuales que rigen aún hoy en día “es lo que hay” “algo tengo que comer”, “cuando hay hambre no hay pan duro”, “pasada las 4 a.m. si es de carne y está caliente puede ser una empanada”.

Patrañas. No sé si fue la revelación entre alguna de las 1.547.861 películas que abordan la temática del Cupidín, (…) No sé si con los cereales me tragué una semilla de Dalai Lama o qué, pero hace unas semanas cuando recordé que se venía el 14 de febrero pensé en enviarle una tarjetita a todos los chicos con los que estuve que diga “Gracias por no ser mi San Valentín hoy” pero temí que alguno lo tomara a mal el cumplido. Y algo siguió germinando en mí y me redescubrí frente al espejo, sin flechazo de Cupido pero con el corazón contento.

Porque San Valentín hay muchos, tantos como sueños, tantos como los lugares que queremos recorrer, tantos como las amistades que estamos conociendo acá. San Valentín soy yo, cuando me subí a un avión “en busca de alcanzar un sueño”. Y mató mil la cursilería ahora: San Valentín son ustedes, bancándonos desde donde están.

San Valentín es real, no lo podemos evadir. Son globos de helio en forma de corazón en el restaurant y soy yo regalándose a las parejas con una música preparada para la ocasión.

Y entonces el milagro se dejó ver. Este año no me sumé al repudio contra los tortolitos que lo quieren expresar. Y por primera vez compré regalos de San Valentín, sin corazones, sin brillos ni rosas, presentes para festejar eso, el presente, mi elección: ni el rubio, ni el alto deportista, ni el intelectual (bueno no, más bien sería: ni el tartamudo, ni el rengo, ni el ciego); mi presente, mi entorno.

Así fue cómo festejé mi primer San Valentín y ya me muero de intriga por saber dónde, cómo y con quienes estaré el próximo. Pero ya aprendí que no estoy sola, no están solos.

 Yohe

Paris, 16 de febrero de 2013

¿Me siguen verdad? Esto es de los que les quiero hablar, para mí San Valentín es pararse a mirar a dónde estamos y hacia dónde vamos. Discúlpenme que no camine en línea recta, que pareciera que voy en círculos, quizás sí, quizás no. He intentado dejar ciertas miguitas por el camino para saber por dónde vine pero preferiría pensar que algunos las fueron levantando. De todas maneras, tengo mis San Valentin´s Day que me recordaran por dónde anduve y me regalaran de los mejores regalos: la incertidumbre del qué será y que nos impulse la curiosidad por descubrirlo.

Yohe

Buenos Aires,14 de febrero de 2015.

No olvidar

No olvidar

Que no vaya recto no significa que no sepa  a dónde voy.

Que no vaya recto no significa que no sepa a dónde voy.

 

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