LA BATALLA DEL YO * Algo que les pasa a todo aquel que vive fuera de Argentina

Hoy leí algo que me hizo pensar si es que tenemos distintas versiones de nosotros mismos dependiendo en el lugar que vivamos. Y la respuesta afirmativa fue casi instantánea. Por supuesto que no soy la misma en Buenos Aires, en Londres, en París, ni en Barcelona ¿Y cómo seria yo en Lisboa? ¿Y en Shangai? ¿Cuánto hay de nuevo y cuánto de residual? ¿Somos camaleones sociales o pequeños psicópatas dispuestos a las manipulaciones necesarias para encajar en un lugar? ¿O será que somos débiles y el espacio nos intima, arrincona y devora?

Argentinisima

Argentinisima

Soy argentina, viví hasta mis 28 años en Buenos Aires y ahora vivo en Inglaterra donde mi yo inglés no se decide si es que no entiende de moda, o no le gusta la moda de acá, o tiene demasiado frio y edad para vestirse a la moda. Tampoco entiende de maquillajes ni de cremas anti- age. No tolera los brillos, y en la pequeña ciudad en la que vivo no encuentra negocio hippie-hipster que la salve de tanto glamour. Podría decirse que mi yo inglés está en su adolescencia, buscando su identidad, o identificarse con algo. Es una púber que, con ansiedad errática, trata de conectarse con el entorno. Entre aciertos y pifiadas, aun se siente como la chica nueva en el colegio.

Mi yo ingles, bournemouthense (dícese de las personas que viven en Bournemouth) que curiosamente se parece a bonaerense, busca la conexión con el ambiente, le gusta pasar tiempo al aire libre. En realidad, se desespera ante un día seco. Mi yo de Buenos Aires jamás hubiese catalogado los días en secos (sin lluvia) y le causa gracia el término “unsettled” por considerarla una manera muy inglesa y educada de decir que hay un tiempo de miércoles. Es así que, en pos de esta maximización del buen tiempo y los días de verano, sale a correr por la playa. Aún no ha llegado muy lejos mi yo ingles pero sigue saliendo. Y también juega al tenis porque se puede hacer al aire libre pero juega mal; porque mi yo de Buenos Aires nunca quiso practicar tal deporte pese al entusiasmo de mi padre y el furor de Gabriela Sabatini durante mi infancia. Pero se ve que el yo ingles, quiere borrar de un raquetazo esto y convertirme en alguien digno de contrincar.

Playita de Bournemouth

Playita de Bournemouth

 

Mi yo inglés vive mucho más consciente de que todo es una decisión. Se pregunta las cosas mucho más a menudo. Es más sensible, llora más, calla menos. Vive como un boyscout, siempre lista para saltar. Sabe que cada día tiene un poco de primera vez. Que el casillero de inicio se pisa bastante más seguido por estos lares. Conoce mucho más de fantasmas y miedos, pero sabe también que las sombras son sólo eso, una distorsión de lo real.

El yo de Buenos Aires es más ruidoso, se mueve más y más rápido. Toma la misma cantidad de mate pero con unas buenas medialunas de grasa. Tiene un lindo puñado de amigos y le duelen los brazos de upar sobrinos. Es tímida para hablar en otro idioma y no mira programas de medicina. No se equivoca al hablar, ni tiene un trueno en el estomago cada vez que se habla de asado.

Verdadero choripan argento

Mi yo de argentina escucharía menos comentarios racistas pero sufriría lo mismo si Le Penn hubiese ganado las elecciones. Es impuntual pero sabe manejar sutilezas a la perfección. Es más atenta, precavida y miedosa. Mucho más confiada en la cocina pero con poca variedad en la heladera. No se queda callada frente a impertinencias, lee el diario impreso los domingos y toma mate de la pava.

Y no podia faltar el vinito

Mi yo ingles no domina los doble sentidos pero es nivel 2 en comida picante. Odia tanto ir a la peluquería como el yo argentino pero lleva muchas más horas manejadas en Inglaterra pese a no tener registro. En la oficina, es una evangelizadora de la dulzura del dulce de leche (y no me digan que es una redundancia) y las mil maneras de comerlo. Es la rara, al igual que el yo de Buenos Aires. Hace añares que no ve una cucaracha, ahora busca zorritos por las calles. Ya no grita “parada” para bajarse del colectivo ni tiene que fingir que duerme si esta muy cansada para no cederle el asiento a un mayor porque hay lugares de sobra para sentarse en el transporte público. Jamás a faltado al trabajo fingiéndose enferma como mi yo argentino solía hacer.

Fiel compañero de batallas

Fiel compañero de batallas

Mi yo de argentina no cena a las 19 horas ni desayuna huevos revueltos con tomate los  domingos; por eso, mi yo ingles le da un culazo que la saca de la silla y deja a mi yo de Buenos Aires despatarrada en el piso: riendo a carcajada fuerte, de esas que de tanto reírse pareciera que se hacen abdominales. La misma risota que suele darse en el cine y que los otros yo ingleses no comprenden porque han sido educados para comportarse distinto en público y mostrar menos emociones. Y el yo ingles que se esfuerza tanto en encajar y respetar el casi metro de distancia y espacio personal de quienes lo rodean mientras el yo de Buenos Aires se enloquece por dentro y quiera dar besos y abrazos a todos y qué tanto lió, ¡abrazamos al portero también! Y mi yo ingles le da una palmada cortita y discreta a Buenos Aires y murmulla por lo bajo para que los otros no se den cuenta: “desubicada, no entendés que no hay porteros acá”. Y el yo de Buenos Aires está que trina, con la vena en el ojo, porque lo último que le faltaba es que esa mosquita muerta inglesa, que escribe como niñita de 12 años, la corregirla literariamente; desde cuándo. Pero ya sabe que habrá revancha, cuando una de estas noches alguien de pronto camine por detrás de ellas, Buenos Aires saltará de golpe y hará darle un buen susto a Inglaterra, de esos que te hacen agarrar la cartera bien fuerte, te dan taquicardia y te hacen fruncir bien todo.

Y así están de peleas y berrinches constantes, como animales queriendo marcar territorio. Hay días mas tranquilos y días de furia. Ninguna quiere ceder, ninguna quiere ser dominada, absorbida, intimidada ni menos aún olvidada. Como perro y gato, como Tom & Jerry, clásicas y legendarias, mis dos yo buscan desplegar sus egos y me exponen a un ridículo al cual ya me estoy encariñando; ojalá que esta hermosa batalla nunca termine porque, sin duda, es lo que me define.

Algunas batallas son hermosomante eternas

Algunas batallas son hermosomante eternas

 

5 thoughts on “LA BATALLA DEL YO * Algo que les pasa a todo aquel que vive fuera de Argentina

  1. Maximiliano Gil

    No es nada nuevo. Choque cultural inverso, duelo migratorio, Síndrome de Ulises, identidades transnacionales….

     
  2. Nico.-

    Es una batalla eterna, aún cuando las distancias no son tan distantes!
    Y volver… ufff es otro laburo enorme.
    Siempre agradecido de los minutos que podemos disfrutar de tus relatos!

     
  3. Mari Lm

    Mis yos tenemos muitas saudades de vos amiga! Y ahí me gano la brasilera porque no hay palabra más linda y sentida (en mi humilde entender) que esa! Te quiero Tinto!

     
  4. Nicolas Balbi

    Muy lindo e inspirador. Vivo en Salisbury y, sin playa para las fotos, entiendo sobre qué hablás.

     
  5. Sol

    Muy bueno! Estoy en un viaje similar (entre lol y jajaja) Gracias por compartir 🙂

     

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